Es una queja habitual plantear que la macro se ve bien pero no así la micro, o la variante de preguntar cuándo la macro derramará en la micro. Son observaciones equivocadas. Los números de la macro son resultados de las conductas micro. No hay nada que derramar.

Las aparentes contradicciones ocurren porque la economía no es homogénea. Por ejemplo, se dice que “la gente” no llega a fin de mes y sin embargo el año pasado el consumo privado subió casi ocho por ciento en valores reales cuando el PIB lo hizo en 4,37 por ciento. Entonces, no son tantos quienes tienen problemas y por eso las cifras de consumo aumentaron, o quienes mejoraron son pocos pero lo hicieron de manera superlativa, o algo entre esos extremos. Sirva como guía incompleta: el Indec muestra para febrero un alza salarial interanual de 35,8 por ciento cuando la inflación fue 33,1. Pero hubo heterogeneidad: el incremento en el sector privado registrado fue 27,6 por ciento, en el no registrado 75,1. Un ejemplo más de que un total en cierta dirección no implica que todos acompañaran.

La diferencia de variación según la formalidad puede deberse a varias razones, como el error del gobierno de no convalidar paritarias por encima de sus objetivos de inflación, la debilidad de la demanda en el sector implicado que por eso modera sus costos laborales, las malas normas que incentivan las remuneraciones en negro o el cambio en estructura económica general que hace demandar mano de obra para servicios por ahora informales, aunque no se sabe si de manera definitiva o transitoria hasta que los trabajadores se vuelquen a nuevas actividades en blanco o se formalicen las hoy en negro bajo otras normas. La cuarta alternativa es interesante. Si preponderaran los trabajadores que toman como último recurso la economía informal los ingresos allí bajarían por exceso de oferta. Algo está pasando en la demanda por mano de obra que esos salarios aumentan.

Ahora bien, es lógico que quienes empeoran se quejen, y normalmente lo hacen, mientras que quienes andan bien no suelen manifestar públicamente su satisfacción. Además, existen los sesgos y la ignorancia que llevan a presentar proporcionalmente más los malos resultados o a interpretar de manera errónea los datos. ¿Quiere decir que en realidad las cosas están muy bien? No. Sólo que la economía es mucho más que el caso particular o que un sector en particular. Lo individual importa, pero hay que evitar generalizar pues pueden perderse de vista los inconvenientes reales que demoran o incluso impiden que lo positivo sea más amplio. Entonces, volviendo a la objeción inicial, ¿cómo puede decirse que la economía crece cuando la gente está peor? Porque no está peor. Hay sectores que crecen y otros que no y hay personas que mejoran y otras que no. La economía (macro) es un reflejo de los comportamientos de las personas (micro).

Tal vez la duda se deba a confundir macroeconomía con políticas de gobierno y algunos resultados de ellas y microeconomía con niveles salariales, creación de empresas o toma de mano de obra acentuando la situación de quienes están empeorando con una tendencia a creer que el ideal es mantener el statu quo. Sobre esto, vaya una digresión: la industria petrolera está en auge; ¿cómo mejorar el salario igual que en ella? Pues migrando a Neuquén y trabajando en Vaca Muerta o en alguna actividad que provea bienes o servicios a sus trabajadores. Varias personas ya lo hicieron, por algo es una de las dos provincias en las que creció el empleo privado formal desde noviembre de 2023: 5,1 por ciento, y Río Negro 2,2. En el resto cayó siendo las peores Tierra del Fuego (-13,2) y Santa Cruz (-15,4), aunque en lo interanual en cuatro creció ese empleo mientras que en enero (último dato) las alzas mensuales ocurrieron en ocho provincias.

Pero volviendo a las confusiones de términos, entre los logros macro está el superávit fiscal, objetado cuando el desempleo aumenta o el salario real cae o falta la obra pública. Pero no está para eso. Sus fines son reducir la deuda pública y frenar la inflación. Que se van alcanzando, aunque a los tumbos. Guste o no, si se rechaza el Estado endeudado hay que tener superávit para liquidar las obligaciones. No se puede pedir laxitud fiscal y al mismo tiempo rechazar la deuda: el déficit la hace crecer. En cuanto a la inflación, si el gobierno no le pide dinero al Banco Central porque no tiene déficit que financiar entonces la emisión es menor y así también la presión inflacionaria. Sin embargo, el IPC viene creciendo cada vez más mes a mes. Sí. Aunque no debe confundirse con inflación. Situaciones puntuales pueden hacer subir el IPC sin que eso implique un proceso sostenido; sería un salto, no un alza continua. El caso del petróleo por la guerra en Medio Oriente es un ejemplo claro. Y como tantas veces se dijo, los ajustes incompletos de tarifas de servicios públicos suman.

Como fuere, si la cantidad de dinero por multiplicación bancaria crece, según el agregado considerado, entre 20 y 30 por ciento interanual y el PIB (aproximación a la oferta global) lo haría tres por ciento anual no puede esperarse inflación de 10,1 por ciento para 2026 como se presupuestó sino rondando 25 por ciento. La inflación comenzada en cero para agosto es imposible y nunca debió anunciarse. O genera frustración o ayuda a la oposición a criticar.

La macro entendida como política económica está para que funcione la micro y en algunos sectores así ocurre y por eso los resultados globales (macro) positivos. Pero la reestructuración de la economía lleva tiempo, requiere que baje la inflación, aumenten las expectativas e inversiones, cambien y funcionen los nuevos marcos institucionales y varios puntos más. Mientras tanto, los gobernantes podrían ayudar con más prudencia y transparencia, pero esa es otra historia.